domingo, 19 de mayo de 2013

Amores perros


Te vas. Siempre te vas. Me dejás como si fuera una habitación de paso, un puente. Siempre pasás, pero nunca te quedás. Necesitás estar un tiempo, encontrar lo inexplicable. Buscás encontrarte. Entonces mi vida pasa a ser una sala de espera. Pero mi espera es permanente. Vivo en ese puente que vos cruzás una y otra vez sin reparo alguno. Voy encadenado a tu sombra, preso de tu ausencia, rehén de tu regreso. Mientras vos te descubrís, yo me pierdo.
Te alejás. Te perdés entre la gente. Ya casi no puedo verte. La distancia se presenta como una brecha imposible, una división entre dos mundos que no se corresponden. Es desesperante. Quiero correr, salir a buscarte, frenarte. Pero no, mi lugar es este. No puedo salir de este pasillo. Puedo ir y venir, volver sobre mis pasos, pero no salir de acá. Si me voy, puedo no volver a verte.
Me dejás. Salís como si todos pudiésemos hacerlo. Tus pasos no te pesan, avanzás con decisión, sin mirar atrás. No hay vez que no espere esa última mirada. Ese adiós que grite un hasta pronto. Pero nunca llega. El pasado no es tu jurisdicción. Das vuelta la página, con la elegancia de los que escapan. Los que se van saben hacerlo, no dejan nada. Pero se llevan mucho. Y vaya si lo hacen.
Me olvidás. Cruzás esa puerta y se cae el mundo. Este mundo, donde jugábamos cada noche, en cada rincón. Reescribís las páginas donde estaba mi historia. Seguís adelante, naufragando aguas que lavan tu pasado. Y yo acá, atrapado en esta gran jaula que es el amor. Celda de la que podría escapar, pero sigo esperándote. No sé si vas a volver, pero eso no importa. Lo creo. Necesito hacerlo. Tiene que haber algo más.

Azul está arrastrando el bolso, es su última media hora en la ciudad que la vio nacer. Lo lleva con desgano, con la angustia del que deja algo irremplazable. Hace años que vive en la gran capital, pero siempre le cuesta dejar su casa. Dejarlo a él. Ese que nunca entiende que, en un mundo ideal, aún vivirían juntos. Pero en este universo, nada es lo que debería y las distancias están a la orden del día.
Baco la ve irse desde el sillón. No se va a levantar a saludarla. Le duele mucho su partida, no la entiende. Quiere que todo sea como antes, cuando era suya cada día y cada noche. Está enrollado en el sofá, como si quisiera ocultarse de ella, esconder su tristeza. Apenas levanta la mirada cuando ella lo llama desde la puerta. La mira como si fuera la última vez. Azul sonríe, se seca las lágrimas y se va.
La distancia lastima. No se pueden hablar ni comunicar. Sólo se ven unas pocas veces al año. Así son las reglas. No las eligieron, sólo las aceptaron para poder vivir. Accedieron a las normas para poder seguir jugando, tener la chance de volver a hacerlo algún día. Dicen que hay amores que matan, los hay de los que matan por amor, y están también los amores perros. Estos últimos son incondicionales. Él nunca dejará de esperar. Ella siempre va a volver. La ausencia es sólo una cuenta regresiva.

2 comentarios:

  1. "Mientras vos te descubrís, yo me pierdo", profundo Baquito. Muy lindo texto para un perro bahiense.

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  2. Debo admitir que piante un lagrimon, solo los que como miembro de nuestras familias tenemos un perro podremos entender ese sentimiento. Siempre me emocionan tus palabras, vas sabes que te sigo por este medio, sos un gran escritor, relator, o como lo quuieras decir... te quiero amigo!! la corti!

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